Con 38 años, Javier Ortiz de Carlos representa una de esas historias que fortalecen el tejido del valle de Roncal: la de una persona joven que decide apostar por el territorio y emprender un oficio esencial para la vida diaria de los vecinos. Tras formarse como Técnico Superior en Desarrollo de Productos Electrónicos y obtener el carné de instalador de baja tensión, Javier ha dado un giro a su trayectoria para establecerse como electricista en el valle.
Durante trece años trabajó en el mantenimiento de una línea robotizada de soldadura en una fábrica de Pamplona. Más tarde regresó al Pirineo, donde desempeñó distintos trabajos, desde monitor de esquí hasta operario de servicios múltiples. La oportunidad de aprender junto a Marcos Ureña —electricista de referencia en la zona y próximo a jubilarse— fue decisiva para dar el paso.
La transición profesional de Javier nace de una decisión meditada: asegurar la continuidad de un servicio imprescindible en el valle. En cuanto supo que Marcos Ureña se jubilaría, acudió a él para formarse. “Desde el primer día me acogió muy bien, me puso el taladro en la mano y empezó a enseñarme”, explica. Ese aprendizaje cercano, basado en la experiencia y en el trabajo diario, ha sido clave para adquirir seguridad y conocimientos.
Más allá de la técnica, Javier destaca valores que quiere mantener en su propia actividad: el orden, la constancia y el respeto por las instalaciones y por las personas.
Servicios y necesidades del valle
En estos primeros meses, Javier ha detectado una demanda constante: pequeñas averías, cuadros eléctricos, actualización de instalaciones antiguas y trabajos en viviendas, hoteles y bares. Su objetivo es ofrecer un servicio completo, desde reparaciones y reformas hasta instalaciones integrales en viviendas y locales.
La falta de instaladores en la zona convierte su proyecto en una respuesta directa a una necesidad real del valle. Además, ayudas como las del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural facilitan que iniciativas como esta puedan consolidarse.
Emprender en un entorno rural implica retos, como la distancia con Pamplona para obtener material con urgencia. Aun así, Javier considera que las dificultades son las propias de iniciar un negocio por cuenta propia, y que el valle ofrece oportunidades claras: demanda estable, cercanía con los vecinos y la posibilidad de construir una actividad sostenible en el tiempo.
Entre sus objetivos futuros está la especialización en instalaciones fotovoltaicas, un campo en crecimiento que quiere dominar con todas las garantías.
Compromiso con el valle
Javier quiere que los vecinos le conozcan por su seriedad y cercanía: alguien en quien confiar, que responde cuando hace falta y que busca siempre un trabajo bien hecho. Su decisión de dejar un empleo estable para emprender en el valle responde a una convicción personal: “Tenía claro que quería cambiar de vida. Cuando regresé al valle me di cuenta de que este era el camino”.
Agradece la confianza de quienes ya han contado con él y recuerda la importancia de atender cualquier anomalía eléctrica —olores a quemado, sobrecalentamientos o incidencias— para evitar problemas mayores. Ante cualquier duda, recomienda contactar con un profesional.

