La reciente grabación de un oso corriendo por la carretera de Ezkaroze ha reavivado la preocupación entre los ganaderos del valle de Salazar y del conjunto del Pirineo navarro. Una representación del sector ha afirmado que “la presencia continua del oso es incompatible con la ganadería extensiva tal y como la conocemos”, subrayando que el episodio del fin de semana ha sido “la gota que colma el malestar generalizado”.
Según explicaron durante una comparecencia en la sede de EHNE-Nafarroa, la población actual de 120–130 osos en el Pirineo genera inquietud entre quienes trabajan con rebaños en régimen extensivo. “Van a necesitar cada vez mayor territorio, se irán asentando en zonas más cercanas y su presencia continuada no es compatible con el manejo de nuestros animales”, señalaron.
Un problema que se extiende a nuevos valles
Hasta ahora, la mayor parte de los ataques y avistamientos se concentraban en el valle de Roncal, pero los ganaderos advierten de que la amenaza se ha extendido ya a Salazar y Aezkoa, esta última con un volumen de ganado y actividad humana especialmente elevado.
“Si la población de osos sigue aumentando y se asientan cerca, llegará un momento en el que la ganadería no se podrá desempeñar”, afirmaron.
Dos modelos de futuro para el Pirineo
Los ganaderos consideran que el territorio se encuentra ante una encrucijada:
Un Pirineo orientado al turismo —con osos, esquí, casas rurales y servicios para visitantes— donde la ganadería extensiva “prácticamente desaparecería”.
Un Pirineo con actividad ganadera viva, con pueblos habitados todo el año y un paisaje mantenido gracias al pastoreo.
Recordaron que en los últimos 20 años ha desaparecido la mitad del ganado ovino de Navarra, lo que está provocando un aumento de la masa vegetal, montes más cerrados y un deterioro paisajístico evidente. “Todo el mundo coincide en que la presencia de ganado es fundamental para prevenir incendios y mantener el ecosistema”, insistieron.
No todo es culpa del oso, pero puede ser “la gota que colma el vaso”
Los representantes ganaderos reconocieron que la situación del sector no se debe únicamente a la presencia del oso. Las políticas agrarias, la crisis de precios o la falta de relevo generacional son factores determinantes.
Sin embargo, alertan de que la expansión del plantígrado puede agravar aún más la situación:
“Quien se plantee iniciar una explotación se lo pensará dos veces si sabe que el oso está cerca”.
Petición de revisar las políticas de protección
Por todo ello, solicitaron una revisión de la Directiva de Hábitats de la Unión Europea y de los planes de recuperación del oso en cada territorio.
Apuestan por limitar la población a niveles compatibles con la ganadería extensiva y por preservar zonas libres de presencia del oso para garantizar la continuidad del sector.

