Estoy feliz, haciendo la medicina que siempre había deseado hacer

26/03/2024

Estoy feliz, haciendo la medicina que siempre había deseado hacer

Marcos Lama Gay es el médico de familia del centro de salud de Isaba. Después de completar su especialización en Medicina de Familia en Tenerife, Marcos trabajó en diversas áreas rurales, incluyendo Jaca, Hecho y Aínsa. Durante su residencia, tuvo la oportunidad de rotar por el servicio de cuidados paliativos, donde adquirió conocimientos para cuidar a la gente en el final de sus vidas, casos que se repiten frecuentemente en los entornos rurales. En 2019, decidió unirse al equipo de Isaba, donde ejerció hasta mayo de 2021. Su compromiso con la atención médica en comunidades rurales lo llevó a presentarse a las oposiciones de atención primaria en Navarra. Desde marzo de 2022, Marcos se ha establecido como médico de atención primaria en Isaba, brindando su experiencia y dedicación al Valle de Roncal.
¿Qué te atrajo inicialmente para venir a trabajar al Valle de Roncal?
Hubo dos aspectos principales que me atrajeron a venir a Isaba. En primer lugar, desde joven tuve la vocación de ser médico rural, particularmente en entornos montañosos como el Pirineo, donde pasé gran parte de mi infancia. Por otro lado, tras quince años de experiencia profesional, principalmente en el cuidado de pacientes al final de sus vidas, tanto en entornos domiciliarios como hospitalarios, estaba buscando una población similar a la que estaba acostumbrado a atender.
Además, tenía claro que si volvía a trabajar en atención primaria iba a ser en el medio rural. En entornos urbanos, lamentablemente, no puedo dedicar tanto tiempo personalizado a mis pacientes como me gustaría. En lugares como este puedo ofrecerles el nivel de atención que considero necesario, permitiéndome practicar la medicina de la manera que más disfruto: invirtiendo tiempo real en el cuidado de mis pacientes.
¿Personalmente cuáles han sido los aspectos más gratificantes de trabajar como médico en un entorno rural?
Lo primero que quiero destacar es que aquí realmente te sientes parte de la comunidad. Si estás motivado para trabajar, tienes oportunidades para hacerlo. A menudo escucho a la gente decir, 'ah, es que allí tenéis mucho tiempo'. Bueno, sí, hay tiempo disponible, pero si estás comprometido, hay mucho por hacer. Aquí puedes dar un seguimiento muy completo a los pacientes crónicos, realizar todas las visitas domiciliarias que necesites y mantener un vínculo cercano con las familias. Es más que un simple horario de 8 a 3; es sentirte integrado en la vida del valle. Las relaciones que construyes con la gente son profundas, lo que te brinda una comprensión más completa para abordar sus necesidades de salud. Trabajamos con personas, no solo con enfermedades, por lo que necesitamos comprender su contexto social, laboral, familiar y ambiental. Aquí, realmente realizamos un enfoque integral, recopilando todos esos datos que en otros lugares sería imposible obtener.
¿Cómo describirías tu proceso de adaptación a la vida y el trabajo en Isaba?
Me adapté rápidamente, creo que he sido muy afortunado. Desde el primer día, encontré un equipo fenomenal. Marisol García García, nuestra administrativa, ya conocía a todos en el Valle, lo que facilitó enormemente mi integración. Trabajé codo a codo también con María del Barrio, una enfermera joven y entusiasta con quien conecté al instante. Nuestra colaboración fue clave y creo que la comunidad percibió esa sinergia.
El traslado diario desde Pamplona nunca me ha resultado agotador. Reconozco que es un esfuerzo, pero lo hago con gusto porque valoro la relación personal con mis pacientes. Tras cinco años aquí, puedo decir que estoy feliz, haciendo la medicina que siempre había deseado hacer, con acceso a tecnología avanzada, incluyendo la formación en ecografía y oportunidades de desarrollo en cirugía menor. En este entorno, tengo la libertad de ampliar mis habilidades y asumir responsabilidades que antes no tenía. Me motiva seguir aprendiendo y enfrentar nuevos desafíos para ofrecer a mis pacientes la mejor atención posible. En resumen, esta experiencia me ha enriquecido personal y profesionalmente de manera significativa.
¿Has enfrentado alguna dificultad particular relacionada con la vida o el trabajo?
Personalmente considero que un médico rural, un médico de familia y, específicamente, un equipo sanitario rural, deben estar entre los mejor preparados. Aquí abordamos todo tipo de situaciones: cardiología, neumología, dermatología y más. Nos ocupamos de la prevención, la curación, el cuidado paliativo y de las urgencias, algo que en otros servicios se delega en especialistas específicos.
He tenido que tomar cursos sobre atención al paciente politraumatizado porque aquí veo una gran cantidad de accidentes. He tenido que ampliar mucho mi conocimiento y estudiar mucho más. Y eso es gratificante, porque ahora me siento un médico mucho más completo, capaz de abordar una amplia gama de situaciones. Ha sido un desafío, pero también una gran satisfacción. Aunque, claro, al principio tuve mis momentos difíciles, como es normal hasta que te acostumbras a la dinámica del lugar.
¿Qué te ha sorprendido más sobre la comunidad y la práctica médica en el Valle de Roncal desde que llegaste?
Al principio, me sorprendió bastante lo dura que es la gente aquí. En general, por no querer molestar, ni siquiera acuden ni llaman al centro de salud. Con los pacientes crónicos, es crucial visitarlos periódicamente. Incluso cuando están bien, hay que evaluarlos con frecuencia, porque pequeños cambios pueden desencadenar grandes problemas. Aquí es todavía más importante, ya que la gente, por no querer molestar, evita contactar con el centro de salud. Otra cosa que me llama mucho la atención es la alta tolerancia al dolor que tienen los habitantes del Valle de Roncal. En otros lugares, la gente se queja por cualquier cosa, pero aquí he tenido pacientes que vienen con fracturas y ni siquiera lo mencionan.
¿Qué aspectos valoras más de la vida en el Valle que quizás no esperabas encontrar?
Valorar la estrecha relación con la comunidad es algo que aprecio enormemente. Quizás pensaba que me costaría más conectar con la población, pero desde el primer momento me sentí acogido, respetado y valorado, y eso es fundamental. Sentir que eres importante para la gente, eso no tiene precio. Estoy seguro de que este es mi lugar, aquí estoy cumpliendo mi sueño. Además, me gusta mucho hacer ejercicio en la naturaleza, ya sea en el monte, con la bici… y aquí puedo disfrutar de ello.
¿Qué consejos darías a otros profesionales de la salud que estén considerando trabajar en entornos rurales similares?
En un momento en el que la atención primaria está atravesando dificultades, me gustaría que vinieran aquí y vieran el tipo de medicina que podemos practicar. Para mí, es el enfoque ideal y se alinea perfectamente con mi experiencia previa en cuidados paliativos. Aquí llevamos a cabo un abordaje global, tratando a la persona en todos sus aspectos: lo orgánico, lo físico, lo biológico, lo psicológico, lo emocional y lo espiritual.
Además, disponemos del tiempo que tantos profesionales dicen que falta en los entornos urbanos. Aquí, ese tiempo está disponible y contamos con los recursos necesarios. Esto nos permite ofrecer una medicina de altísimo nivel, ya que podemos dedicar el tiempo y utilizar las técnicas adecuadas. De hecho, el año que viene tendremos el primer residente de Medicina de Familia que vendrá a rotar con nosotros. Desde mi llegada, consideré importante que los residentes rotaran en un entorno rural como este, ya que normalmente se asignan a lugares como Irurzun o Tafalla. Aunque también son entornos rurales, creo que aquí ofrecemos una perspectiva diferente de la medicina rural.
Personalmente, considero que tener sistemas sanitarios sólidos y una buena educación son los primeros pasos para garantizar que la gente se quede en el entorno rural. Esto garantiza una buena asistencia sanitaria y permite que sus hijos tengan acceso a una educación de calidad. Y es, sin duda, una forma de asegurar la sostenibilidad del medio rural.
Para finalizar, ¿te gustaría añadir algo más?
Agradecer a cada uno de los grupos sanitarios con los que he trabajado aquí: los enfermeros, las administrativas como Marisol, Unai, Xabi y, en realidad, a todos. Para mí, es un privilegio absoluto estar aquí.

Zuberoa Anaut

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