El pasado 26 de octubre tuvo lugar en Aribe una Asamblea del Consorcio del Pirineo en la que se decidió disolver este organismo definitivamente y cumplir todos los pasos previos y necesarios para llevarlo a cabo.
En primer lugar en dicha Asamblea se presentaron las cuentas de los ejercicios de 2008, 2009 y 2010 y se aprobaron las cuotas del 2010, que ya han sido giradas a todos los asociados para poder liquidar todas las cuentas pendientes, que las hay y poder pagar las indemnizaciones del despido de los tres trabajadores que tiene este organismo: Maite Juanperez, Fermín Claveria y Rakel Arriola.
Asimismo, era requisito necesario nombrar un nuevo consejo para que llevara a cabo todos los trámites que implica la disolución de esta entidad y también fue nombrado.
El nuevo y último Consejo está formado por Angel Mari Loperena como presidente y Alejandro Otegi como vicepresidente. Como representante de las Casas Rurales actúa, Pedro Barberena; como representante de los comercios, Miguel Barberena; como representante de Hoteles, Angel Mari Loperena; como representate de Zaraitzu-Nabaskoze, Angelines Goyeneche; como representante de Ultrapuertos Enrique Garralda y Alejandro Otegi; como representante de las cuencas prepirenaicas, Rodrigo Barricat; y como representante de Aezkoa-Orotz Betelu, Gorka Beunza.
Estas personas serán las encargadas de realizar todos los trámites necesarios para formalizar la disolución. Como último paso se ha convocado a una una asamblea a todos los asociados el 24 de noviembre con éste punto como único orden del día. Así que ese día, si no hay cambios de última hora, finalizará el recorrido del único organismo que aunaba a todo el Pirineo.
En una entrevista realizada al nuevo presidente, nos informó que desde hacía dos años no tenían carga de trabajo y que los responsables políticos de la zona no hacían nada. Nos comenta que estaba todo paralizado y con un gran desánimo. La Junta que había en ese momento decidió dar un impulso bien para seguir o para disolverlo. El impago de las cuotas también fue un empujón a la decisión de disolver el Consorcio Turístico del Pirineo.