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/ SOCIEDAD (01/12/2005)
Mikel Zabalza, hogei urte atzera, hogei urte aurrera

l próximo 15 de diciembre se cumplen veinte años de la muerte de Mikel Zabalza y el pueblo de Orbaitzeta, sus familiares y amigos le van a rendir un homenaje. En este número de MENDIXUT hacemos memoria histórica de esta muerte, que después de veinte años todavía sigue sin esclarecerse, y hablamos con su familia, para saber cómo vivieron este suceso.

Miguel Mari Zabalza, como le llamaban en casa, tenía 32 años y vivía en Donostia, donde trabajaba como chófer de autobús. El 25 de noviembre de 1985, de madrugada, fue detenido por la Guardia Civil. Su familia nunca más lo vio con vida. Veinte días más tarde, el 15 de diciembre, apareció ahogado en aguas del río Bidasoa. Este hecho conmocionó a la sociedad, y fueron unos días muy duros, sobre todo en su pueblo natal, Orbaitzeta.

Junto a él detuvieron a seis personas más: en Orbaitzeta a dos de sus hermanos, Aitor y Patxi; y en Donostia y otras localidades a su novia, Idoia Aierbe, y a Jon Arretxe, Victor M. Mediavilla y Manuel Bizkai. Repasando concienzudamente la hemeroteca se puede llegar a leer que a Mikel lo acusaban de servir de mugalari a ETA, pero lo cierto es que todos quedaron en libertad sin cargos. Aitor y Patxi a las pocas horas, y el resto días después. Denunciaron torturas, e Idoia dijo que vio a Mikel con una bolsa en la cabeza, y que posteriormente se lo llevaban en camilla diciendo que “iba muy mal”. Algún otro detenido aseguró haber oído gritos desesperados mientras estaban incomunicados.

Las malas noticias, en cascada
Cuando el día 26 de noviembre Aitor y Patxi regresaron a casa, la familia todavía no sabía que Mikel también había sido detenido. Pero las malas noticias fueron llegando muy rápido. Primero se pusieron en contacto con la familia de Idoia, la novia, que vivía con sus padres. Al conocer que ella también había sido detenida, supusieron que Mikel también estaría en el cuartel de Intxaurrondo (Gipuzkoa). Pero entonces salió la noticia, todavía hoy única versión oficial, de que Zabalza se había escapado esposado cuando la Guardia Civil lo llevaba por Endarlaza a localizar un zulo.

Tardó veinte días en aparecer el cuerpo. En estos días, hubo llamadas a dos periódicos de Barcelona en nombre de una “Coordinadora de la Guardia Civil de Intxaurrondo”, asegurando que Mikel Zabalza había muerto por torturas. Días más tarde, el periódico Deia afirmó haber recibido una nota similar. Las asambleas, protestas, manifestaciones... fueron generalizadas en toda Euskal Herria, y fueron muchas las instituciones y los políticos que hablaron del tema poniendo en duda la “fuga”. Mientras tanto, la familia había puesto una denuncia por su desaparición en el Juzgado de Instrucción de Donostia. Llamaron a todas las puertas posibles buscando información sobre su hermano e hijo, pero no obtuvieron respuesta. En Intxaurrondo, por ejemplo, les respondieron que “fueran a buscarle a objetos perdidos”.

Durante estos días, Aezkoa y comarca eran un hervidero: los ayuntamientos celebraban sesiones extraordinarias, los vecinos de Orbaitzeta denunciaban la presencia atosigante de la Guardia Civil y el derribo del repetidor de ETB...
Familiares y amigos de Zabalza rastrearon los alrededores del Bidasoa en su busca, y submarinistas de la Cruz Roja miraron concienzudamente el río hasta el día 12. El responsable del grupo afirmó que “es imposible que el cuerpo de Mikel Zabalza esté en el río”.

Sin embargo, a los pocos días, el 15 de diciembre, después de que el Ministro del Interior José Barrionuevo declarara tener plena confianza en que Zabalza aparecería, su cuerpo fue encontrado flotando en el río Bidasoa en una zona ya rastreada. La respuesta en la calle y en todos los pueblos no se hizo esperar. Oficialmente, se ahogó en el río tras fugarse. Pero esta versión se quedó en eso, nadie la creía. El PSOE, entonces principal fuerza en el Gobierno de Madrid, apoyó una tesis que aquí no creía ni José Antonio Ardanza, su socio de Gobierno en Vascongadas. Por ejemplo, Jesús Insausti, dirigente del PNV, dijo que le había llegado que el cuerpo fue puesto en aquel lugar el día anterior.

A partir de aquí la familia vio que nunca se sabría la verdad. Su hermana Arantxa, recuerda a MENDIXUT que “hicimos todo lo que pudimos, pero fue y es imposible pasar ese muro que impusieron. No creo que nunca se sepa lo que verdaderamente ocurrió, pero la “versión oficial” no se la cree nadie, y hechos posteriores han demostrado que no era cierta”.

La familia quiso que una forense de Dinamarca, cuyo contacto lo hicieron por medio de la ONG Amnistía Internacional investigara la muerte, pero no le dejaron hacer su trabajo. Además, Karin Helwg-Larsen, que así se llamaba, aseguró que la autopsia hecha a Zabalza no podía darse por válida.

Una versión, muchas dudas
Posteriormente se han publicado muchas noticias sobre este caso. El periódico Egin, por ejemplo, aseguró que a los guardias civiles que torturaban a Mikel Zabalza, éste se les fue de las manos. Incluso dio nombres y apellidos, y narró que le inyectaron agua llevada en bidones del río Bidasoa. Otros medios, como El Mundo o alguna cadena de televisión, también han dado datos que niegan la versión oficial.
Poco antes de la detención, Mikel había sido operado de apendicitis, y alguna pequeña complicación no le dejaba estar todo lo fuerte que él era. Por eso, tras su paso por el cuartel, sus hermanos y compañeros pensaron que si le habían hecho lo que a ellos, él no lo habría aguantado. La familia recuerda que aquel octubre, Miguel Mari estuvo de vacaciones en casa ayudando a recoger patatas, y que no podía seguir el ritmo de sus hermanos.

MENDIXUT habló con Arantxa, una de las hermanas de Mikel. Esta lo define como una persona alegre, no muy habladora, pero sí dispuesta a ayudar en el pueblo y en casa en lo que hiciera falta. El era el mayor de nueve hermanos, por lo que una vez acabados los estudios en Orbaitzeta, se puso a trabajar. Primero en casa como pastor, para poder ayudar con el resto de hermanos, y más tarde en pueblos vecinos. Recuerda que cuando el resto de los hermanos empezaban a salir por ahí, tenían que ir con Mikel, por lo que iba con un buen rebaño de “parranda”. También conocieron la existencia del oso de su boca, cuando les contaba como vio en dos ocasiones un ejemplar mientras trabajaba en Irati en la madera. En Lesaka trabajó como bombero y también fue chófer de camión. Cuando murió, con 32 años, era conductor de autobús en Donostia. Por aquel entonces, siempre que podía se escapaba a Orbaitzeta, pero ya no le gustaba tanto salir de casa. Prefería quedarse al lado del fuego con los padres y hermanos, hablando y por qué no, comiendo un poco de queso de casa.

Fruto de la casualidad
Su muerte fue un duro golpe en casa, “algo que no se puede superar, simplemente aprendes a vivir con el dolor”. Arantxa asegura que la muerte de unos padres duele, pero es algo natural y siempre se le puede buscar la parte buena “no sufrió, mientras vivió fue feliz...”. Sin embargo, en este caso “no hay lado bueno, no existe consuelo. Nos tocó a nosotros como le pudo tocar a otra familia. Hubo gente que tras la detención pensó, “¡algo habrá hecho! Pero cuando apareció su cuerpo, nadie lo pudo entender”. Pues no había hecho nada, ni él ni ninguno de los detenidos que salieron en libertad sin cargos, pero él tuvo peor suerte y no lo pudo contar. Mikel no militaba en ningún partido y únicamente estaba afiliado a un sindicato, pero no participaba activamente en ningún tipo de acto político.

En casa no esconden el tema, “cuando hay alguna novedad lo hablamos, pero tampoco tiene sentido estar constantemente recordando lo que sufrimos”. Como cualquier otra familia, en ésta cada uno tiene su propia personalidad y su forma de llevar el dolor. En esta casa, sobre todo los meses siguientes, fue difícil seguir adelante: había mucha tensión (la Guardia Civil llegó a parar hasta en tres ocasiones a un miembro de la familia que iba de casa, de la Fábrica, hasta el pueblo de Orbaitzeta) y mucho miedo. Pero el tiempo pasa, y Arantxa asegura “aunque nos parezca que algo no lo podríamos superar, nos toca sufrir y continúas adelante. El cuerpo aguanta mucho más de lo que nos parece”. En esta casa, hoy, todos siguen muy unidos, rondando cada poco por la Fábrica, el lugar que les vio nacer.

En aquel momento, se vieron muy arropados por la gente de Orbaitzeta y de otros lugares, que les mandaron muchísimas cartas. “El día del funeral fue impresionante, no sé cuántos coches pasaron por delante de casa. Pese al dolor que teníamos, lo agradecimos de corazón”, recuerda Arantxa. Este terrible hecho dejó buenas amistades: durante mucho tiempo, cuatro personas de Iruña iban todos los meses a hablar con la madre de la familia, para animarla y pasar un buen rato, en esta casa les llaman “Iruñeko gure lau lagunak”. Pero también hubo amenazas, y no sólo a ellos. Más de un vecino recibió intimidaciones y todos sufrieron los controles de carretera durante meses. Pero hoy es el día que siguen recibiendo muestras de cariño y solidaridad de la gente, algo que agradecen de verdad, porque les demuestra que no se ha olvidado ni a Mikel, ni su muerte.
Sin embargo, los Zabalza todavía no tienen ninguna respuesta que les ayude a acabar en cierta manera con aquel hecho, que les ayude a darlo por finalizado, por lo menos judicialmente. Siguen esperando la verdad, aunque veinte años después, todavía no se haya hecho justicia con la muerte de Mikel.

El caso judicialmente
Durante estos veinte años, han sido más de una docena los jueces que han llevado el caso. Y según denuncia la familia, ha dependido de la sensibilidad, de las ganas, y del querer buscar la verdad de cada juez lo que ha hecho que el caso diera pasos adelante o se atascara más. Pero en general, la familia siente que ha salido perdiendo y que puede que nunca se sepa la verdad. Sin embargo, ven muy claro que la versión oficial de la muerte del hermano ha quedado desmontada por las declaraciones que se han ido conociendo a lo largo de los años. Estos han sido los momento más destacables en la cronología judicial del caso Zabalza.

El 29 de noviembre de 1985 la familia se personó en el Juzgado de Instrucción de Donostia para que se instruyeran diligencias por la desaparición de Mikel.
Francisco Ríos, titular del Juzgado nº 1 de Donostia, pusó en duda que Mikel Zabalza pudiese nadar esposado, intentó interrogar a Rodríguez Galindo, máximo responsable de Intxaurrondo, y fue apartado del caso y trasladado a Andalucía.
En julio de 1988, la Audiencia de Donostia acuerda el archivo definitivo de las diligencias abiertas por la desaparición y muerte de Mikel Zabalza.
En 1995 se volvió a reabrir el caso, y desde entonces ha habido dos importantes documentos que han aportado datos nuevos al caso: por una parte, una entrevista de El Mundo con Vicente Soria (persona vinculada a Intxaurrondo), y las declaraciones de Gomez Nieto (miembro de los aparatos del Estado) en un documental sobre el GAL hecho por una productora, que nunca se llegó a ver por televisión. Ambas confirman las sospechas de que Mikel Zabalza murió en Intxaurrondo torturado. Sin embargo, la familia muestra su impotencia ante lo que lleva años ocurriendo: cada vez que sale una nueva prueba que el juez acepta, se inician nuevas diligencias que siempre acaban con declaraciones por parte de en su mayoría personas vinculadas a Intxaurrondo que vuelven al relato oficial, repitiendo una y otra vez una versión que nadie nunca ha creído.



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